lunes, 6 de marzo de 2017

ANTONIO SAENZ , DOS MESES ENTRE NOSOTROS

Queridos amigos/as y familia:

Mi  salida  del  Perú  cumple  dos  meses.  Me  surge  el  deseo  de  compartir  con  ustedes,  a  los  que  amo especialmente, mis sentimientos. No ha sido fácil la vivencia de este tiempo y no precisamente por falta de cercanía y ayuda de muchos  de ustedes, mi familia y amigos, tanto de acá como de allá. Una vez más les expreso por ello mi más  profundo  agradecimiento.  Soy  un  afortunado  por  tener  siempre  cerca  un  amplio  abanico  de  gente encantadora.

Nada pone en duda mi convicción de que los más de 16 años vividos en el Perú han sido para mí una  experiencia enriquecedora. Todos sabemos que un nazareno ambulante acuñó un día una más de sus  muchas sabias reflexiones:  “Donde está tu tesoro, está tu corazón”. Eso explica por qué mi corazón está aún en gran parte en el Perú, que se ha apoderado de él, aunque hay que evitar apegos paralizantes,  lo cual no es incompatible con la existencia de un cordón umbilical, forjado con amor, que me vincula a muchas personas que son para siempre parte de mí. Esa gente, ustedes, supieron acompañarme con palabras  y  gestos  de  cariño  en  los  difíciles  últimos  días  de  mi  estancia  peruana.  En  ese  arte  son maestros.
El avión que me trajo salió de Lima el 18 y aterrizó el 19 en Madrid, donde hacía un frío glacial. Era mi  voluntad cambiar el chic mientras sobrevolaba el Atlántico. Pobre  iluso. Dos meses después de pisar  tierra española puedo decir que  el aterrizaje personal aún  no  ha concluído. Algún compañero que ha pasado por esta experiencia me decía semanas atrás que “es duro... y dura”. Doy fe de que es así. Llegado a este punto, sería un mal nacido si no expresara mi agradecimiento a quienes se han afanado  por facilitarme la reintegración. Ya en el aeropuerto mi familia y algunos amigos se hicieron presentes, creando un ambiente de acogida y alegría que me llenase de consuelo. Otros empezaron a dar trabajo a las líneas de los móviles y expresar sus sinceros deseos de transmitirme   el calor de la amistad. Han sido dos meses de sentirme acompañado por gente de mis dos países: Perú y España. Gracias por ello.

Pasadas  las  fiestas  navideñas,  el  cuidado  de  la  salud  se  convirtió  en  tarea  prioritaria.  Las  pruebas médicas  no  detectaron  nada  anormal  en el  preocupante  tema  de  la  próstata.  Otros  análisis  han descartado la posible presencia de parásitos. Pero para que todo no sea de color de rosa, ha aparecido una hernia inguinal de la que seré operado el martes 21 de este mes. En principio, nada preocupante.
Agradezco a médicos amigos que han facilitado que esta revisión se haya producido en tiempo récord. Físicamente me encuentro bien. Sin duda me beneficia la actividad deportiva diaria y el cuidado con la comida, a pesar de no haber podido evitar engordar poco más de un par de kilos.
Tres semanas han estado más centradas en acompañar a gente shilica que ha estado por aquí. Al ser personas muy queridas, su presencia ha sido un regalazo. Hemos gozado juntos.

Desde el pasado lunes, he comenzado a organizar mi tiempo de cara a las próximas semanas. Oración, lectura,  visitas  a  compañeros  y  parroquias,  participación  en  grupos  van  adquiriendo  el  espacio adecuado.  Desde  Semana  Santa  hasta  mediados  de  mayo  voy  a  estar  en  una  parroquia  de  Badajoz sustituyendo a un compañero. Será mi primer paso en el reencuentro con la pastoral parroquial. Lo afronto con ilusión. Parece que a finales de mayo ya me darán destino cara al curso siguiente. Quiero aprovechar estos meses para seguir resituándome en esta nueva realidad y poner a punto mis resortes personales. La diócesis a  la que pertenezco, personalizada en el  obispo Celso  y  en Paco Maya, mi actual párroco, están teniendo conmigo un comportamiento maternal. Gracias.
No puedo terminar sin mencionar de nuevo a mi familia. Más atenciones que me tienen es imposible. Delicadeza total y atención privilegiada.
A todos ustedes, familia y amigos, gracias, gracias, gracias. Siento su cariño. Reciban el mío.
Antonio Sáenz